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Resumen
- 05/04/2007 14:57 - Publicado Pollo Pollo
- 11/04/2007 13:10 - No elegir
- 17/04/2007 18:42 - Ella sabía hablar sin usar palabras
05/04/2007
Publicado Pollo Pollo
11/04/2007
No elegir
A veces llegamos a un punto de inflexión, un momento, en el que con más incierta suerte que atino tomamos una decisión, y en ese momento quizás lo que mas cuenta no son las opciones que tomamos, sino las que no.
Para bien o para mal marcamos la diferencia, por eso siempre me ha encantado este poema de Robert Frost:
Para bien o para mal marcamos la diferencia, por eso siempre me ha encantado este poema de Robert Frost:
The Road Not Taken
TWO roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;
Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,
And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.
I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I—
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.
17/04/2007
Ella sabía hablar sin usar palabras
Tenía una mirada errática que veía mas allá de donde miran los ojos y cuando se posaba a tu lado, traspasaba todas la barreras con las que te habías protegido. Mientras intentabas reconstruir lo débil de tus defensas, notabas como un escalofrío se balanceaba por detrás de tu columna y antes de darte cuenta, había llegado hasta tu propia alma.
Con un aleteo de pestañas iniciaba la danza de gestos que eran su vocabulario, llena de sonrisas, guiños y entornados de ojos, gestos sutiles, o intencionados, que decían mucho mas sobre ella que todo lo que pudiera contarte.
Por eso el día en que me hundí en sus ojos supe que allí es donde quería quedarme.
Con un aleteo de pestañas iniciaba la danza de gestos que eran su vocabulario, llena de sonrisas, guiños y entornados de ojos, gestos sutiles, o intencionados, que decían mucho mas sobre ella que todo lo que pudiera contarte.
Por eso el día en que me hundí en sus ojos supe que allí es donde quería quedarme.

